Henri-Georges Clouzot

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Henri-Georges Clouzot

Mensaje por Poverello el Mar Jul 31, 2012 4:19 pm




HENRI-GEORGES CLOUZOT, EL OTRO MAGO DEL SUSPENSE.

El dominio actual de la cultura anglosajona convierte al cine negro francés en un gran desconocido para el público. Sin embargo, nuestros vecinos tienen muy poco que envidiar de los países de habla inglesa en ese terreno; Henri-Georges Clouzot es uno de los pocos directores que pueden resistir con dignidad la inevitable comparación con el gran maestro del género (que no hace falta decir que es Alfred Hitchcock). Clouzot no es un revolucionario del lenguaje del cine ni un vanguardista como Hitchcock, pero no le tiene nada que envidiar a la hora de crear suspense y atmósferas angustiosas. De hecho, fue responsable de forma indirecta de que Don Alfredo llevara a cabo Vértigo/De entre los muertos (Vertigo, 1958), una de sus obras maestras, y su huella sigue presente en otros directores que llevan a cabo un cine negro más psicológico, más sórdido y sobre todo menos estereotipado que el que suele llegar de Estados Unidos.

Henri-Georges Clouzot nace en 1907 en Niort, una pequeña ciudad del departamento francés de Deux-Sèvres. Tras estudiar ciencias políticas trabajó como secretario antes de empezar su carrera como escritor para el cine; a principios de los años 30 debuta como guionista de largometraje, y también como director del corto Le terreur des Batignolles (1931), y de otras producciones que algunas fuentes califican como cortos y otras como largometrajes (en algunos casos, versiones francesas de films alemanes). Su salud delicada le ayudó en ese momento en su profesión, puesto que se pasó cuatro años postrado por la tuberculosis, que aprovechó para empaparse de novelas de detectives.

En 1938, ya recuperado, reanuda su carrera como guionista, y tres años después dirige el que en la mayor parte de las filmografías aparece como su primer largo, El asesino vive en el 21 (L'assassin habite au 21, 1941), un clásico thriller de quién es el asesino al estilo americano, con muchos toques de humor y un tono ligero que nuestro hombre abandonará en sus siguientes y mucho más sombrías películas.

En la Francia ocupada por los nazis de 1943, Henri-Georges lleva a cabo El cuervo (Le corbeau), una película menos conocida que Las diabólicas, pero que tal vez sea su obra maestra. El cuervo era la firma que aparecía en unos misteriosos mensajes anónimos donde se revelaban los secretos que escondían los habitantes de un pequeño pueblo; como es fácil suponer, los anónimos creaban un ambiente irrespirable de sospecha entre los paisanos, y el mal rollo acababa traduciéndose en asesinatos y suicidios. Pocas veces se ha visto en cine un retrato tan malsano y feroz de la vida en las comunidades pequeñas y supuestamente idílicas. De hecho, esta cinta, financiada por una productora nazi como todo el cine francés de la época, fue muy controvertida. Al acabar la guerra se la acusó de película colaboracionista por la mala imagen que daba de los franceses; fue prohibida y Clouzot estuvo inhabilitado sin poder hacer películas durante un tiempo. Sin embargo, hoy los críticos la ven como una muestra de la podredumbre moral de la Francia cómplice de Hitler, y por lo tanto como una película totalmente antinazi: un buen ejemplo de lo subjetivas y variables que son las lecturas políticas que se hacen de la obra de los artistas.

Nuestro amigo salió del ostracismo con En legítima defensa (Quai des orfèvres, 1947), una historia policíaca -cómo no- situada en el célebre mundo del music-hall francés, en este caso sobre un marido celoso acusado de asesinato. Las críticas fueron buenas y Clouzot recuperó su prestigio, aunque esta, como la mayoría de sus obras, es casi imposible de conseguir hoy en España.

A continuación vinieron dos de las películas más desconocidas de nuestro hombre: Manon (1949), ambientada en el mercado negro de la posguerra y, al año siguiente, la única comedia de su filmografía, Miquette et sa mère (no estrenada en España), de la que el director no parecía tener muy buena opinión. El comentario de un redactor del periódico Daily Express ante el estreno de Manon explica muy bien la ambivalencia que los críticos sentían hacia el estilo negro y poco complaciente de Clouzot: "No recuerdo una película más horrible. Clouzot ha insistido deliberadamente sobre todo lo peor de cada persona, y extrae todo el sadismo, la bestialidad y la inmoralidad que implica cada situación. Desde un punto de vista técnico, Manon es una obra maestra que merece todos los premios que ha llevado aquí y allá en Europa".

Y llegamos ya a la época de mayor esplendor de Henri-Georges; El salario del miedo (Le salaire de la peur, 1953) fue la película que le valió un mayor reconocimiento: tuvo un enorme éxito de taquilla y ganó los festivales de Berlín y Cannes, colocándolo como uno de los principales y más respetados cineastas franceses de su tiempo. La historia era puro suspense: cuatro camioneros que tenían que conducir dos camiones llenos hasta arriba de nitroglicerina y que podían explotar en cualquier momento; su salario, aparte del coste del miedo del que habla el título, también venía a ser el precio que la compañía que los contrataba ponía a su dignidad humana y a su vida. La película fue una apuesta arriesgada para el entonces joven actor Yves Montand, que luego se convertiría en toda una estrella que haría sus pinitos en Hollywood, y no gustó demasiado a los exhibidores americanos, puesto que la empresa petrolífera que explotaba a los camioneros era yanqui, así que en Estados Unidos se distribuyó una versión censurada. El famoso actor Edward G. Robinson, uno de los miembros del jurado de Cannes que le otorgó el máximo premio, definió el film como una patada en el bajo vientre; tanto en su momento como ahora pocos le negaron la condición de obra maestra.

En 1955, un Clouzot en su cima profesional ofreció la que es hoy su película más recordada, Las diabólicas (Les diaboliques). Pierre Boileau y Thomas Narcejac, dos prolíficos autores de novela negra que solían escribir a dúo, habían publicado en 1952 La que no existía (Celle qui n'était plus), con un argumento entre lo policíaco y lo fantástico: un hombre mata a su mujer con ayuda de su amante; en los días siguientes recibe mensajes escritos por la asesinada, y varias personas le cuentan que la han visto. ¿Un fantasma quiere vengarse, o todo son fantasías creadas por la mente culpable del marido? Para la adaptación cinematográfica, Clouzot hizo que fueran la esposa y la amante las que se confabularan para cargarse a un marido déspota bastante distinto del pringado de la novela, y la mujer era la que se moría de miedo cuando el cadáver del marido desaparecía y el muerto empezaba a dar señales de vida. Ya que la película es todo un ensayo sobre el sentimiento de culpa, tal vez para el director tenía más morbo atormentar a una mujer que a un hombre (además la actriz era su propia esposa, Vera Clouzot), o le atraía insinuar de forma velada una relación lésbica entre la esposa y la amante (interpretada por la muy carnal Simone Signoret). Otro cambio importante sobre la novela fue la famosa escena de la bañera, en la que las dos mujeres ahogan a su víctima. Por supuesto, el escenario, un más bien sórdido internado masculino, y toda la puesta en escena, volvían a ser de lo más angustioso, y el desenlace final, de noche con el colegio convertido en una casa de fantasmas, puro cine de terror.

La película fue un nuevo taquillazo, y en América contó con un fan de excepción: a Alfred Hitchcock le fascinó, lo que no es nada extraño porque la visión pesimista de Clouzot sobre el ser humano era bastante parecida a la suya. Hitchcock había intentado comprar los derechos de La que no existía antes de que Clouzot se le adelantara; cuando se enteraron, sus autores, Boileau y Narcejac, escribieron otra obra ya concebida para ser filmada por él: Sueurs froids (sudores fríos), una nueva historia de fantasmas que parecían salir de sus tumbas, se acabó convirtiendo en Vertigo. La influencia de Las diabólicas en el cine hitchcockiano no se queda ahí: se sospecha que la escena de la muerte en la bañera inspiró directamente el famoso asesinato de la ducha de Psicosis (Psycho, 1960). Los dos films relacionan el agua con la muerte, en vez de con la vida como es habitual.

Aclamado y criticado a partes iguales por la dureza y morbosidad de sus películas, Clouzot quiso descansar un poco del género policíaco dando una insospechada vuelta de tuerca hacia el documental: El misterio Picasso (Le mystère Picasso, 1956) analizaba la obra del famoso pintor. Picasso llevaba a cabo cuadros delante de la cámara (luego esas obras se destruyeron), mientras Clouzot animaba la cosa con un montaje vanguardista que convierte a la película en una de los films de arte más importantes según muchos críticos. La cosa resultó ser un gran fracaso comercial y se estrenó en España doce años después de su rodaje.

El director definió su siguiente film, Los espías (Les espions, 1957), como el más peligroso que había realizado, y también como su primera película metafísica donde expone su obsesión por lo absurdo y lo contradictorio del mundo. El argumento, consistente en espías y contraespías camuflados en una clínica psiquiátrica, no dejaba de ser clouzotniano, pero tras haber alcanzado el éxito a todos los niveles con El salario del miedo y Las diabólicas nuestro hombre parecía ir en la búsqueda de caminos más experimentales.

A partir de aquí, la salud siempre delicada de Clouzot empeora y le obliga a distanciar más sus películas. Pasaron tres años hasta que estrenó su siguiente obra, La verdad (La vérité, 1960), un melodrama judicial donde se indaga agriamente en la vida de una chica acusada de matar a su amante. La protagonista era Brigitte Bardot, que en esa época ya era la actriz más famosa y sensual del cine francés; una escena en la que aparece prácticamente desnuda debió ser clave en el exitazo de público del film: fue la película más taquillera en Francia en 1960, precisamente un año de gran convulsión en el celuloide galo por el estallido de la nouvelle vague; obras de nuevos realizadores como Hiroshima mon amour (Hiroshima mon amour, Alain Resnais, 1959) o Los 400 golpes (Les 400 coups, François Truffaut, 1959) van a revolucionar el cine mundial y a hacer que rueden muchas cabezas entre los directores veteranos, a los que se tacha, algunas veces injustamente pero otras muchas con razón, de acartonados y demasiado literarios. Sin embargo, la indiscutible modernidad del cine de Clouzot le garantizó el respeto de los nuevos gurús.

De hecho, uno de los pioneros de la nouvelle vague, Claude Chabrol, se convertirá con el tiempo en el heredero más directo de Henri-Georges; hasta el punto de que el siguiente proyecto de Clouzot, L'enfer, que el director tuvo que abandonar por problemas de salud, fue retomado treinta años más tarde por Chabrol. El infierno (L'enfer, Claude Chabrol, 1994) es una estupenda síntesis de los talentos de los dos autores; un estudio sobre la patología de los celos donde lo original es la malvada ambigüedad del guión de Clouzot, que deja abierta la posibilidad de que las paranoias del marido protagonista sean ciertas y que, efectivamente, su guapa esposa (Emmanuelle Béart) se la esté pegando con todo el mundo para atormentarle. El único pero de la película es el exagerado respeto de Chabrol al guión; como Clouzot dejó la historia inacabada, un cartelón de sans fin deja el clímax final sin resolver. Pero conociendo a Henri-Georges, hay que ser muy ingenuo para pensar que la cosa pueda acabar bien.

Los problemas de salud hicieron que, aparte del desconocido documental italiano Giuseppe Verdi: messa di réquiem (1967), La prisionnière (1968) fuera el único film que Clouzot consiguió acabar entre 1960 y su muerte el 12 de enero de 1977, a los 70 años de edad. Inédita en España, aunque no en Italia ni en Estados Unidos, por lo visto es una historia de pasión enfermiza y masoquista. Parece que en sus últimas películas, además de al de Hitchcock, nuestro hombre se acercó mucho al universo de Luis Buñuel.

Lamentablemente, Clouzot es hoy más que un clásico un cineasta a descubrir; tampoco las películas de su heredero Claude Chabrol, que continúa la tradición negra francesa en la reciente y estupenda Gracias por el chocolate (Merci pour le chocolat, 2000), consiguen triunfar fuera de los circuitos minoritarios. Seguramente habrá que esperar a que alguien en Hollywood lleve a cabo algún otro remake de su cine, como la mediocre Diabólicas (Diabolique, Jeremiah Chechick, 1996) -previamente Friedkin rodó otra versión de El salario del miedo, Carga maldita (Sorcerer / Wages of Fear, 1977), y Otto Preminger de Le corbeau, Cartas envenenadas (The Thirteenth Letter, 1950)-, o que algún ídolo cinéfilo del futuro lo reivindique, para que ocupe el puesto que le corresponde.



Filmografía como director
1931 Le terreur des Batignolles
1932 La chanson d'une nuit (codirigida junto a Pierre Colombier)
1933 Tout pour l'amour / Ein Lied für dich (Todo por el amor) (codirigida junto a Joe May) [La versión francesa fue la estrenada en España]
1933 Château de réve / Das Schloss im Süden (Por el mar viene la ilusión) (codirigida junto a Geza von Bolvary)
1933 Caprice de princesse / Ihre Durchlaucht, die Verkauferin (Su alteza la vendedora) (codirigida junto a Karl Harlt)
1941 L'assassin habite au 21 (El asesino vive en el 21)
1943 Le corbeau [tv: El cuervo]
1947 Quai des orfèvres (En legítima defensa)
1949 Retour à la vie (película de episodios; el suyo es Le retour de Jean)
1949 Manon
1950 Le voyage en Brasil (inacabada)
1950 Miquette et sa mère
1953 Le salaire de la peur (El salario del miedo)
1955 Les diaboliques (Las diabólicas)
1956 Le mistère Picasso (El misterio Picasso).
1957 Les spions (Los espías)
1960 La vérité (La verdad)
1964 L'enfer (inacabada)
1967 Giuseppe Verdi: Messa di requiem
1968 La prisionnère

Fuente: http://www.pasadizo.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1045
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Re: Henri-Georges Clouzot

Mensaje por Poverello el Mar Jul 31, 2012 4:22 pm

Siento la extensión de la biografía Rolling Eyes , pero es que este hombre era un genio poco conocido.

A quien le guste la pintura no puede perderse 'El misterio Picasso', un excelente documental realizado 'tan sólo' visionando cuadros que en directo va pintando el genio malagueño. Transmite totalmente el pensamiento del artista y cómo su mente va cambiando de perspectiva y sensaciones según pinta y visualiza la obra. Un goce.

Si os gusta el suspense, todas Very Happy .

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Re: Henri-Georges Clouzot

Mensaje por Shalott el Mar Jul 31, 2012 9:07 pm

Totalmente desconocido para mí. De todas formas lo que más he visto ha sido cine americano. En la televisión, que es donde uno empieza a conocer cine clásico, pocas películas que no sean americanas han puesto.
Habrá que remediarlo.

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